jueves, 26 de febrero de 2026

Segundo viernes de Cuaresma - Es ahora la piedra angular.

 

Entonces Jesús les dijo:
¿No han leído nunca en la Escritura:
La piedra que desecharon los constructores,
es ahora la piedra angular.

Esto es obra del Señor
y es un prodigio admirable?

Salmo 118, 22-23 / Mateo 21, 42.

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                         Moniciones del segundo viernes de Cuaresma
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 Monición de Entrada:
Queridos hermanos, tengan todos muy buenas noches. Sean bienvenidos
a la celebración eucarística del viernes de la segunda semana de Cuaresma. 

La liturgia prepara nuestro camino a las celebraciones pascuales.
Todos los cristianos también rezamos hoy el Santo Vía Crucis,
y meditamos la vía dolorosa de Cristo, rechazado y llevado a la muerte.
 

Dispongámonos a celebrar con devoción estos misterios, comenzando con el canto de entrada.
De pie, por favor y cantemos todos.

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Monición a la Primera lectura:
La primera lectura narra la historia de José que es vendido por sus hermanos como esclavo.
Su envidia alimentaba en ellos un odio mortal. Escuchemos.
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Monición al Salmo Responsorial: (Salmo 104)
El salmo 104 es como una continuación de la primera lectura,
y nos muestra cómo Dios bendijo a José. Unámonos al salmista diciendo:
R. Perdónanos, Señor, y viviremos.
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Monición al Evangelio:
En conexión con la figura de José, que llegó a la gloria a través del sufrimiento,
la parábola evangélica de hoy muestra también la mala voluntad de unos labradores que
por avaricia matan al hijo del dueño de la viña, hijo en quien está figurado Cristo.
Con el canto dispongámonos a escuchar el Evangelio.

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Monición a la presentación de las Ofrendas
«La viña se dará a un pueblo que produzca frutos».
Del Fruto de la tierra y del trabajo del hombre,
ahora llevamos al altar nuestros dones de pan y vino. Cantemos todos.

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Monición a la Comunión
En nuestro camino cuaresmal, Cristo sigue alimentándonos
con su Cuerpo y con su Sangre. Acerquémonos con fe a comulgar.

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Monición Final
Queridos hermanos,
que el fruto de esta celebración se haga realidad permanente en nuestra vida,
y que la Palabra escuchada sea nuestro programa del día.

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 Lecturas para el segundo viernes de Cuaresma
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Primera lectura: Génesis 37, 3-4. 12-13. 17-28
Ahí viene ese soñador. ¿Por qué no lo matamos?

Jacob amaba a José más que a todos sus demás hijos,
porque lo había engendrado en la ancianidad.
A él le había hecho una túnica de amplias mangas.
Sus hermanos, viendo que lo amaba más que a todos ellos,
llegaron a odiarlo, al grado de negarle la palabra.
 

Un día en que los hermanos de José llevaron a Siquem los rebaños
de su padre, Jacob le dijo a José:
"Tus hermanos apacientan mis rebaños en Siquem. Te voy a enviar allá".
José fue entonces en busca de sus hermanos y los encontró en Dotán.
Ellos lo vieron de lejos, y antes de que se les acercara,
conspiraron contra él para matarlo y se decían unos a otros:
"Ahí viene ese soñador. Démosle muerte; lo arrojaremos en un pozo
y diremos que una fiera lo devoró. Vamos a ver de qué le sirven sus sueños".
 

Rubén oyó esto y trató de liberarlo de manos de sus hermanos, diciendo:
"No le quiten la vida, ni derramen su sangre.
Mejor arrójenlo en ese pozo que está en el desierto y no se manchen las manos".

Eso lo decía para salvar a José y devolverlo a su padre.
 

Cuando llegó José a donde estaban sus hermanos,
éstos lo despojaron de su túnica y lo arrojaron a un pozo sin agua.
Luego se sentaron a comer, y levantando los ojos, vieron a lo lejos
una caravana de ismaelitas, que venían de Galaad, con los camellos cargados de especias, resinas, bálsamo y láudano, y se dirigían a Egipto.

Judá dijo entonces a sus hermanos: "¿Qué ganamos con matar
a nuestro hermano y ocultar su muerte? Vendámoslo a los ismaelitas
y no mancharemos nuestras manos. Después de todo, es nuestro hermano
y de nuestra misma sangre".
Y sus hermanos le hicieron caso.
Sacaron a José del pozo
y se lo vendieron a los mercaderes por veinticinco monedas de plata.
Los mercaderes se llevaron a José a Egipto.

L. Palabra de Dios.
T. Te alabamos Señor.
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Salmo Responsorial: Salmo 104, 16-17. 18-19. 20-21 (R. 5a)

Cuando el Señor mandó el hambre sobre el país
y acabó con todas las cosechas,
ya había enviado por delante a un hombre:
a José, vendido como esclavo.
R. Recordemos las maravillas que hizo el Señor.

Le trabaron los pies con grilletes
y rodearon su cuerpo con cadenas,
hasta que se cumplió su predicción,
y Dios lo acreditó con su palabra.
R. Recordemos las maravillas que hizo el Señor. 

El rey mandó que lo soltaran,
el jefe de esos pueblos lo libró,
lo nombró administrador de su casa,
y señor de todas sus posesiones.
R. Recordemos las maravillas que hizo el Señor.
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Aclamación antes del Evangelio: Jn 3, 16

R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único,
para que todo el que crea en él tenga vida eterna.
R. Honor y gloria a ti, Señor Jesús.
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Evangelio: Del Santo Evangelio según San Mateo 21,33-43. 45-46.
Este es el heredero: vamos a matarlo.

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes
y a los ancianos del pueblo esta parábola:
"Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca,
cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante 
y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.
 

Llegado el tiempo de la vendimia,
envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores;
pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno,
mataron a otro, y a otro más lo apedrearon.

Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros,
y los trataron del mismo modo. 

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'.
Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros:
'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'.
Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.
 

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo,
¿qué hará con esos viñadores?" Ellos le respondieron:
"Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo
a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".
 

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura:
La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular.
Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?
 

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios
y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos".
 

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos
comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo,
pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.

S. Palabra del Señor.
T. Honor y Gloria a Ti, Señor Jesús
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         Oración de los fieles

C:   Aprovechando este tiempo que nos es concedido,
      pidamos al Señor que acreciente en nosotros
      la capacidad de servirle con alegría y gratuidad, y digamos:
R.  Enséñanos a servirte, Padre.

1.       Por la Iglesia, que nunca ceda a las seducciones de la riqueza y del poder
que destruyen la verdadera dignidad del hombre, sino que acoja
y manifieste a todos el poder de Dios y promueva los tesoros del Reino celestial. 
Oremos.

2.       Por el Papa León XIV, los obispos, los sacerdotes y los diáconos,
para que sean siervos dóciles a la voluntad del Padre y testigos auténticos
del amor del Señor por la humanidad sufriente y necesitada de salvación. 
Oremos. 

3.       Por las naciones en las que la violencia, la arrogancia y la prevaricación
de los unos contra los otros son situaciones cotidianas,
para que el Señor suscite personas capaces de restablecer la paz
y educar en el respeto y en el servicio recíproco a la sociedad,
para una convivencia pacífica. Oremos.

4.       Por los que sufren persecuciones injustas a causa del Evangelio,
para que asocien su dolor a la cruz de Cristo, de quien vendrá su recompensa. Oremos.

5.       Por todos nosotros, para que sepamos escuchar a aquellos que el Señor nos envía
para corregirnos y hacernos descubrir la alegría de poner nuestra vida
con generosidad al servicio del Evangelio y del prójimo. Oremos.

C:   Dios, Padre de inmensa bondad, que has enviado a tu Hijo
       para restituirnos nuestra verdad de hijos tuyos,
       no te canses nunca de venir a nuestro encuentro
       y de derribar muro de nuestro egoísmo y de nuestro rechazo.
       Por Cristo nuestro Señor. Amén.
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