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jueves, 19 de febrero de 2026

Sobre Mateo 6, 1-6.16-18 - "El Lugar Secreto del Corazón"

Lectura del Evangelio según San Mateo 6, 1-6. 16-18 (Leer fuerte pero lentamente)

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad
delante de los hombres para que los vean.
De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta,
como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles,
para que los alaben los hombres.
Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando des limosna,
que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha,
para que tu limosna quede en secreto;
y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, 
no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie
en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente.
Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta
y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen,
no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro,
para que la gente note que están ayunando.
Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara,
para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto;
y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará''.

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REFLEXIÓN
Guía: Jesús nos invita a un lugar secreto. Un lugar donde nadie ve, pero Dios sí.
Un lugar donde el corazón habla con verdad, lejos del ruido de la aprobación,
del aplauso y de las apariencias.

En nuestro mundo, todo es visible. Publicamos, compartimos, actuamos.
Incluso nuestra fe puede convertirse en un espectáculo:
oraciones para que nos vean, limosnas para que nos alaben, sacrificios para que nos admiren.
Pero Jesús nos llama más hondo. Él dice: 
Cuando des limosna, no lo anuncies.
Cuando ores, entra en tu cuarto.
Cuando ayunes, que no se note.

¿Por qué? Porque la recompensa que Él ofrece no es la alabanza humana.
Es algo mucho más grande: la mirada de Dios.
Ser vistos por Él, verdaderamente vistos, amados y conocidos, eso basta.

Vivimos en la era de la exhibición.
Todo se publica, todo se comparte, todo se mide por los "me gusta".
Y sin querer, trasladamos eso a nuestra vida espiritual.
Queremos que sepan que rezamos, que ayudamos, que nos sacrificamos.
Pero Jesús nos recuerda que lo más valioso ocurre cuando nadie mira.

Preguntas para el silencio interior:

·         ¿Busco más la aprobación de los demás que la presencia de Dios?
·         ¿Cómo sería mi vida de fe si nadie pudiera verme?
·         ¿Qué significa para mí entrar en mi "cuarto secreto" hoy
        rezar, dar, sacrificarme solo para los ojos del Padre?

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ORACIÓN
Todos: Padre del cielo, Tú ves lo que está escondido. Tú conoces lo que es auténtico.
Llévame a ese lugar secreto donde solo Tú y yo existimos.
Libérame de la necesidad de ser visto por los demás.
Que mi dar, mi orar, mi sacrificio sean solo para tus ojos.
Y en ese lugar secreto, que encuentre mi recompensa: tu mirada amorosa sobre mí.
Amén.

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PROPÓSITO
Esta semana, elige una práctica espiritual: oración, limosna o sacrificio,
y hazla en completo secreto. No se lo cuentes a nadie. Que sea solo entre tú y el Padre.
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PARA MEDITAR EN VOZ BAJA: "Dios te ve. Eso es suficiente."
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lunes, 7 de abril de 2014

Que Dios se encargue de la herida - Lev- 19, 2. 11-18

No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo; yo soy Yahvé." Levítico 19, 18
Todos nos lastimamos, a veces muy profundamente. No obstante, no podemos ceder a la tentación de guardar rencor y ser resentidos y mezquinos.  
El libro de Levítico nos recuerda lo que parece obvio:
No robar. 
No jurar en falso. 
No cometer fraude contra tu vecino. 
No hacer que otros tropiecen. 
No guardar odio ni rencor. 

Para su propio bien, Dios advierte a las personas elegidas no guardar un rencor ni almacenar rencores. Si nos aferramos a una herida o a un dolor, este nos hiere y puede llegar cegar nuestro Espíritu y destruir nuestro espiritualidad. Ese rencor va a llenar nuestro corazón con veneno. 

Debemos permitir que el dolor o el rencor se vaya y dejarlos en las manos de Dios. Las palabras del evangelio de Mateo 25, 40 es también muy conocido por nosotros: "En verdad les digo que, cuando lo hicieron con alguno de los más pequeños de estos mis hermanos y hermanas, me lo hicieron a mí."

Externamente, estas enseñanzas no son tan complicadas; la carta detrás de ellos está clara. Pero interiormente, el reto se hace más duro, sobretodo si pretendemos encarnar el espíritu que anima esta cita bíblica. 

Oremos hoy pidiendo la gracia de ver y responder a Jesús en cada persona que encontramos, 
sobre todo en los más necesitados y necesitadas. Al hacerlo, nos esforzaremos por seguir 
el mandato que el Señor les dio a los israelitas y lo recoge Lev 19, 2: 
"Sean santos, porque yo, Yahvé, su Dios, soy santo."


Ayúdame con gracia
Padre, es difícil perdonar a una herida, 
sobre todo cuando nos la hace alguien a quien amamos.
Naturalmente, perdonar esto no es nada fácil.

Ayúdame con tu gracia a perdonar y abandonar cualquier sentimiento de amargura, rencor y odio.
Tal vez no será fácil, pero tengo que hacerlo para que puedas llenar mi corazón con Tu paz.
Amén.

¿Tengo que vaciar mi corazón de algún odio o rencor ?


Lev. 19, 2. 11-18 - Mandatos para la vida
Habla a toda la comunidad de los hijos de Israel y diles: 
Sean santos, porque yo, Yahvé, Dios de ustedes, soy Santo.

No hurtarán, no mentirán, ni se engañarán mutuamente. 
No jurarán en falso por mi Nombre porque esto sería deshonrar el nombre de tu Dios. ¡Yo soy Yahvé! 
No oprimirás ni despojarás a tu prójimo. No retendrás el salario del jornalero hasta el día siguiente.
No gritarás maldiciones al sordo, ni pondrás obstáculos al ciego, sino que temerás a tu Dios: ¡yo soy Yahvé!
No dictarás sentencias injustas. 
No harás favores al pobre, no te inclinarás ante el rico, sino que juzgarás con justicia a tu prójimo. 
No calumniarás a tu prójimo ni buscarás medios legales para hacerlo desaparecer.
No odies en tu corazón a tu hermano; pero corrígelo, no sea que te hagas cómplice de sus faltas.

No te vengarás ni guardarás rencor contra tus paisanos, 
sino que más bien amarás a tu prójimo como a ti mismo, pues Yo soy Yahvé.